Los avances recientes en investigaciones de alto impacto muestran el valor de una estrategia basada en coordinación, inteligencia, investigación y judicialización. La ruta impulsada durante la gestión de Carlos Torres Piña en la Fiscalía apostó por construir casos sólidos, capaces de traducir el trabajo institucional en resultados ante los tribunales y trabajar en coordinación con la federación.
Esa coordinación tuvo como uno de sus principales interlocutores al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch. Mientras Torres Piña encabezó la Fiscalía, ambas instancias mantuvieron comunicación y trabajo conjunto con el Gabinete de Seguridad federal y autoridades municipales para fortalecer investigaciones y operaciones en Michoacán. La propia Fiscalía documentó esta coordinación y, en enero, García Harfuch señaló públicamente que existía comunicación permanente con Torres Piña para acciones relevantes en el estado.
La lógica es complementaria, desde el ámbito federal se aportan inteligencia, capacidades operativas y conducción estratégica; desde las instituciones locales se conoce el territorio, se integran las investigaciones y se construyen los elementos jurídicos necesarios para llevar a los responsables ante la justicia.
El caso Manzo es una muestra de esa suma de capacidades. La investigación ha involucrado trabajo estatal y federal, mientras las autoridades continúan buscando esclarecer la totalidad de las responsabilidades relacionadas con el homicidio.
Para Torres Piña, la experiencia dejó una premisa clara, frente a problemas complejos de seguridad ninguna institución puede trabajar aislada. Coordinar significa compartir información, sumar capacidades y conseguir que cada autoridad haga la parte que le corresponde.
Esa ruta de trabajo, construida junto con García Harfuch y otras instituciones de seguridad, coloca la coordinación como una herramienta para alcanzar resultados, investigar mejor, llevar los casos ante los jueces y avanzar en la construcción de paz para Michoacán.
