La sopa tarasca: Un platillo nacido en Pátzcuaro que conquistó el corazón de Michoacán

 

Redacción

Pátzcuaro, Michoacán, 27 de septiembre de 2025.- En cada cucharada de sopa tarasca se condensa una parte de la memoria y el corazón de Michoacán. Este platillo, orgullo de Pátzcuaro, no es solo una receta, sino un símbolo de identidad que conecta a generaciones enteras con sus raíces.

Su origen se cuenta en dos historias: para algunos nació en las manos del chef don Félix González, en el restaurante “La Casineta”, mientras que otros la ubican en 1966, cuando Felipe Oseguera Iturbide la presentó al mundo en la inauguración de la “Hostería de San Felipe”. Dos caminos distintos que convergen en un mismo destino: la creación de un platillo que honra a la cultura purépecha, conocida también como tarasca.

La base de la sopa —frijoles, jitomate y chile pasilla— recuerda los sabores de la tierra y el maíz, alma de nuestra historia, que se transforma en crujientes tiras de tortilla que coronan el plato. Junto al queso fresco y la crema, la receta ofrece un abrazo cálido, como el fogón de las cocinas tradicionales que nunca se apaga.

Este platillo, además de ser un deleite gastronómico, tiene un profundo arraigo cultural. En Pátzcuaro, la sopa tarasca es más que comida; es un símbolo de identidad y tradición, presente en festividades y mesas familiares. Su nombre rinde homenaje a los tarascos, el pueblo indígena purépecha que ha habitado la región desde tiempos prehispánicos.

Hoy, la sopa tarasca viaja más allá de Pátzcuaro y de Michoacán, llevándose con ella un pedazo de la identidad purépecha. Cada vez que se sirve, evoca la grandeza de un pueblo que ha sabido transformar su cultura en sabores que enamoran al mundo.