RED 113 MICHOACÁN/Redacción
Morelia, Mich.- Miércoles 15 de julio de 2026.- En la política, pocas cosas hablan con más fuerza que los resultados. Los discursos pueden entusiasmar por un momento, pero son las acciones las que terminan construyendo una trayectoria. En ese sentido, Carlos Torres Piña ha logrado combinar dos cualidades que no siempre coinciden en un mismo perfil, que son la capacidad de generar acuerdos y la de entregar resultados medibles en las responsabilidades públicas que ha desempeñado.
Su paso por la Fiscalía General del Estado dejó indicadores que difícilmente pueden ignorarse. Durante su gestión se impulsó una transformación institucional que permitió a Michoacán registrar el menor índice de impunidad penal institucional del país, con un 67.68 por ciento, muy por debajo de la media nacional, que alcanza el 89.42 por ciento.
Más allá del dato estadístico, el mensaje es contundente porque nos dice que la procuración de justicia puede mejorar cuando existe voluntad para revisar procesos, corregir fallas y fortalecer aquello que funciona. Pero quizá uno de los aspectos más relevantes fue la visión con la que se asumió ese resultado. Lejos de presentar las cifras como un punto de llegada, Torres Piña insistió en que representaban apenas una referencia para seguir perfeccionando el trabajo institucional y responder a una demanda ciudadana que exige una justicia más pronta, cercana y efectiva.
Los avances también fueron visibles en otros rubros. Durante ese periodo, de casi un año, las determinaciones de No Ejercicio de la Acción Penal se redujeron 53.1 por ciento, al pasar de 19 mil 728 a 9 mil 259 casos. Asimismo, el archivo temporal de investigaciones disminuyó 44.7 por ciento, al bajar de 20 mil 852 a 11 mil 541 expedientes, lo que significa menos carpetas sin resolver y mayores posibilidades de que las víctimas obtengan una respuesta.
En materia de reparación del daño, los recursos recuperados para las víctimas prácticamente se duplicaron, al pasar de 38.5 millones de pesos a 74.9 millones, fortaleciendo uno de los principios fundamentales del sistema de justicia, que las personas afectadas por un delito reciban una reparación efectiva y no únicamente una resolución administrativa.
Los resultados también se reflejaron en los tribunales. Las vinculaciones a proceso crecieron 20.9 por ciento, al aumentar de mil 452 a mil 756 resoluciones judiciales, mientras que las sentencias absolutorias disminuyeron 32 por ciento, indicadores que reflejan investigaciones más sólidas, mejor integradas y con mayores posibilidades de sostenerse jurídicamente.
Sin embargo, reducir la trayectoria de Carlos Torres Piña únicamente a los números sería insuficiente. Quienes han seguido de cerca su carrera política saben que uno de sus principales atributos ha sido siempre la cercanía con la ciudadanía. Es un político que entiende que gobernar o representar no puede hacerse desde una oficina, se hace caminando las calles, escuchando a la gente y conociendo de primera mano los problemas cotidianos.
Esa característica vuelve a hacerse evidente en la actual etapa que vive Morena en Michoacán. Tras reunir a miles de simpatizantes en Plaza Morelos durante el arranque de su proyecto, Torres Piña ha mantenido un intenso recorrido por colonias de Morelia, donde conversa con vecinos, comerciantes, mujeres, jóvenes, adultos mayores y liderazgos sociales. No se trata únicamente de actos públicos, es una estrategia basada en el contacto directo con la población.
En tiempos donde la política suele desarrollarse detrás de las redes sociales o desde los escritorios, caminar las colonias representa una forma distinta de ejercer el liderazgo. Escuchar antes de hablar, conocer antes de proponer y dialogar antes de decidir son prácticas que fortalecen cualquier proyecto político.
Otro rasgo que distingue a Torres Piña es su capacidad para construir acuerdos. A lo largo de su carrera ha demostrado ser un operador político con habilidad para negociar, conciliar y privilegiar el diálogo sobre la confrontación. Esa experiencia ha sido clave en distintos momentos de la vida pública de Michoacán y dentro del propio movimiento de Morena.
Su estilo también ha estado marcado por una visión humanista. En diversas responsabilidades ha sostenido que las instituciones deben colocar a las personas en el centro de las decisiones, especialmente a quienes enfrentan condiciones de vulnerabilidad. Esa perspectiva explica, en buena medida, el énfasis que dio durante su gestión en la Fiscalía a la reparación integral del daño para las víctimas y no únicamente al cumplimiento de indicadores administrativos.
Hoy, cuando Morena se prepara para definir nuevos liderazgos estatales, la experiencia, los resultados y la cercanía con la ciudadanía vuelven a convertirse en elementos de análisis.
La política requiere perfiles capaces de generar unidad, dialogar con todos los sectores y mantener un contacto permanente con la gente. Carlos Torres Piña ha construido buena parte de su trayectoria precisamente sobre esas bases, el trabajo territorial, la capacidad de negociación, el liderazgo dentro del movimiento y una gestión pública respaldada por resultados. Y en una época en la que la ciudadanía exige menos discursos y más hechos, ese puede ser uno de sus principales activos en esta lucha por la Coordinación Estatal de Morena.
