Notificaciones y pantallas también pueden interrumpir la vida familiar, advierte la UNESCO
Por Alejandro Castañeda
Morelia, Michoacán, 22 de agosto de 2026.- Las notificaciones del teléfono pueden parecer inofensivas, pero su presencia constante puede fragmentar la atención y afectar la capacidad de niñas, niños y adultos para concentrarse, crear y establecer vínculos significativos, advierte la UNESCO a través de su guía “Crecer en un mundo conectado”.
El organismo internacional identifica este fenómeno como “tecnointerferencia”, es decir, la manera en que la tecnología puede irrumpir en las relaciones cotidianas y desplazar momentos de convivencia familiar.
La guía plantea que la atención sostenida es una capacidad que debe protegerse, particularmente durante la infancia. El flujo permanente de alertas, mensajes y aplicaciones obliga a interrumpir continuamente lo que se está haciendo y dificulta permanecer plenamente presente durante las actividades familiares.
Frente a esta realidad, la UNESCO propone medidas sencillas que pueden incorporarse a la vida cotidiana. Una de ellas consiste en desactivar las notificaciones que no sean imprescindibles, tanto en los dispositivos de los menores como en los de los adultos.
La recomendación no busca eliminar la tecnología de la vida familiar, sino recuperar la capacidad de decidir cuándo y cómo utilizarla. En ese sentido, la guía plantea que los padres y cuidadores pueden enseñar con el ejemplo, estableciendo momentos de convivencia sin interrupciones digitales.
También propone explicar a niñas y niños que proteger la atención no significa desconectarse del mundo, sino tener mayor control sobre aquello que reclama su tiempo y concentración.
La propuesta adquiere relevancia en una época en la que los dispositivos digitales forman parte de prácticamente todos los espacios de la vida cotidiana, desde la educación y el entretenimiento hasta la comunicación familiar.
Más que establecer prohibiciones generales, el planteamiento de la UNESCO coloca la atención y la convivencia como bienes que pueden cuidarse mediante decisiones pequeñas: apagar una notificación innecesaria, establecer momentos sin pantallas y, sobre todo, recuperar el valor de estar presentes.
Porque en un mundo permanentemente conectado, también puede ser necesario aprender a desconectarse para volver a encontrarnos, puntualiza el organismo.
