Torres Piña: experiencia y coordinación, fortalezas frente al reto del Plan Michoacán

Carlos Torres Piña tiene una fortaleza difícil de separar de la nueva etapa que vive Michoacán: conoce el territorio, pero también conoce cómo funcionan las instituciones que deben ponerse de acuerdo para dar resultados.

Esa combinación adquiere relevancia frente al Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, una estrategia federal que articula más de 100 acciones en 12 ejes y una inversión superior a 57 mil millones de pesos. El desafío ya no está solamente en anunciar programas, sino en lograr que seguridad, infraestructura, bienestar, desarrollo económico y atención social funcionen bajo una misma ruta.

Como secretario de Gobierno tuvo bajo su responsabilidad la interlocución con municipios, organizaciones sociales, actores políticos y distintos poderes del estado. Fue una etapa donde dialogar, construir acuerdos y destrabar conflictosformaban parte de la operación diaria.

Desde la Fiscalía, conoció otra dimensión de Michoacán, la seguridad, la investigación y la necesidad de mantener coordinación permanente con instituciones estatales y federales.

Ese recorrido le permite entender que un plan de la magnitud del que impulsa la presidenta Claudia Sheinbaum no puede ejecutarse desde una sola oficina.

Michoacán necesita conectar las decisiones federales con las necesidades de sus municipios; hacer que la seguridad dialogue con el desarrollo económico, que la infraestructura responda a las vocaciones regionales y que los programas lleguen al territorio con seguimiento.

Y ahí aparece quizá una de las mayores fortalezas de Torres Piña: haber estado en los espacios donde coordinar deja de ser discurso y se convierte en responsabilidad.

Además, su recorrido reciente por municipios le ha permitido mantener contacto con productores, comerciantes, mujeres, jóvenes y distintos sectores sociales. Esa presencia territorial suma otro elemento: conocer de primera mano que las necesidades de Lázaro Cárdenas no son las mismas que las de Uruapan, Tierra Caliente, Oriente o el Bajío.

El Plan Michoacán tiene recursos, acciones y una ruta definida. Su siguiente prueba será convertir todo ese esfuerzo institucional en resultados visibles para las regiones.

En ese escenario, Torres Piña puede leer el Plan desde dos lugares que pocas veces coinciden en un mismo perfil: desde la experiencia de gobierno y desde el conocimiento directo del territorio.

Porque coordinar también es gobernar. Y para que el Plan Michoacán funcione, la coordinación tendrá que convertirse en resultados.